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#25 de noviembre: contra la violencia machista

25/11/2013

Hoy es el Día Internacional contra la violencia que se ejerce históricamente contra las mujeres por el mero hecho de serlo. Estructural y transversal, no se circunscribe a un único contexto social, religión, cultura o edad determinada, y debería ser una prioridad en toda agenda política, comenzando por la del Instituto Aragonés de la Mujer… y no lo es.

En 2012, el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género, a los siete años de la creación de los Juzgados de Violencia sobre la Mujer, informó de la instrucción de 963.471 delitos en todo el Estado, la mayoría de ellos por lesiones y malos tratos. Abruma el número, y también el de las mujeres que renuncian a seguir con el proceso judicial, y el de esas otras muchas que nunca han presentado denuncia, que no aparecen en las estadísticas, pero que están ahí.

Pudiera parecer que la violencia machista por excelencia es la denominada violencia doméstica –física, psicológica o sexual-, que vuelve a aparecer desafortunadamente tipificada en algunos medios de comunicación como “pasional”. La tenemos también presente en el ámbito social cotidiano, en la penalización de la forma de vestir y actuar de las mujeres desde niñas, en esa obsesión ancestral por apropiarse de su cuerpo desde la infancia y convertirlo en mercancía y objeto de abuso de todo tipo, incluido el laboral.

Y no hace falta que volvamos la vista hacia países lejanos: la explotación del cuerpo femenino la tenemos aquí al lado, con agresiones como las sufridas por las mujeres, la mayoría de ellas inmigrantes, prácticamente esclavizadas en Laluenga. O con el preocupante aumento de los casos de violencia machista entre los más jóvenes, como revela el reciente informe de la Universidad de Zaragoza sobre La violencia de género en Aragón.

Tenemos pendiente el reto de la educación para lograr una concienciación ciudadana suficiente, porque la clave reside en la prevención. También en la implicación sin fisuras de los poderes públicos para promover y defender los derechos humanos y ciudadanos para todas y todos, sabiendo que cualquier modificación legislativa que implique una renuncia a esta responsabilidad nos retrotraerá décadas.

Los recortes sufridos en los presupuestos generales y autonómicos para la lucha contra la violencia de género son un error monumental. Si las crisis siempre favorecen e incrementan la violencia machista, las reformas del Gobierno de Rajoy están contribuyendo a crear más desigualdades, cebándose en las mujeres, robándoles autonomía económica respecto de sus maltratadores, criminalizando su activismo e impidiéndoles su desarrollo personal en libertad.

Si la reforma del Código Penal introduce mediaciones y suaviza el reproche penal del delito, se elimina el derecho de las mujeres a decidir sobre su maternidad, prohibiendo el aborto, y se suprimen competencias en relación con la lucha contra la violencia machista a las administraciones locales, instrumentos básicos por su cercanía con la ciudadanía, lo acabaremos pagando como sociedad. Fiarnos de los avances conseguidos en las últimas décadas nos llevará a un buen trompazo, y no debemos permitirlo.

(Artículo publicado hoy en Heraldo de Aragón)

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