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Haití, en manos “blancas”

12/01/2011

Hoy hace un año del terremoto de Haití, que costó la vida a 300.000 personas, hirió a otras tantas y dejó sin hogar a más de un millón y medio. Hubo muchas promesas de colaboración exterior para su reconstrucción, pero el país sigue patas arriba y se calcula que sólo ha llegado un 10% de la ayuda. Es un escándalo, se mire como se mire, sobre todo para los países del denominado primer mundo, entre los que nos encontramos.

Como somos una sociedad que funcionamos a golpe de titular, las emociones y el sentimiento de preocupación y de urgencia tienen la intensidad y la duración que marcan dichos titulares. Y los gobiernos igual: mucha conmoción, pero luego llegan los presupuestos y todo es prescincible, hasta la solidaridad.

Todo el mundo nos conmovimos en enero de 2009 ante las crudas imágenes y testimonios que nos transmitieron los medios de comunicación y, con el tiempo, Haití fue quedando en un segundo plano (por no decir tercero o cuarto…).

Hoy volvemos a escandalizarnos antes las noticias relacionadas con los incumplimientos de las promesas extranjeras que hicieron creer a la opinión pública que las vidas de tantos y tantas haitíes, así como su derecho a un futuro medianamente digno, eran la auténtica prioridad. Pero no era así.

Estamos lamentando las terribles e insalubres condiciones en las que está viviendo tanta gente en un pequeño y lejano país caribeño que sólo suele ser noticia por sus desgracias (por culpa, en general, del desastre político que impera), la epidemia de cólera que podía y debía haberse evitado, pero no se ha evitado… y, como mañana los titulares serán otros, pasaremos a otro tema y daremos un respiro a nuestra (mala) conciencia occidental.

Pero la vida seguirá siendo igual de dura para los 10 millones de personas que malviven en Haití y que, por desgracia, pintan muy poco a la hora de decidir, porque desde hace 200 años sus destinos los deciden otros, desde fuera (como sucede en otros muchos lugares), y eso, desde luego no lo va a arreglar la ONU, que, por cierto, también está demostrando pintar cada vez menos en el contexto internacional.

Sabemos que el papel de las ONG es fundamental en países donde las desigualdades son cada vez mayores por culpa de Estados débiles que se sustentan en un sistema político clientelista. Pero a las ONG  no les corresponde asumir las responsabilidades políticas, y casi casi están teniendo que sustituir a los Estados, porque en el caso de Haití estaríamos hablando de unas 10.000 asociaciones de solidaridad que colaboran con la población.

El otro día leía en un artículo de Le Monde diplomatique del mes de enero, firmado por Christophe Wargny, enviado especial (“Haïti entre Dieu et ONG“), que el Estado desconoce a la mitad de las más de mil asociaciones de solidaridad que sostienen Haití in situ, mientras quetodos los haitianos reconocen perfectamente sus logos. Pero esta situación no nace con el terremoto de 2009.

Antes del terremoto, los servicios públicos básicos que les llegaban a la mayoría de los haitianos, no los proporcionaba el Estado, sino las ONG, así que, desde hace un año, la situación se ha agravado peligrosamente, porque las asociaciones están superadas por las circunstancias, en muchos casos.

¿Y qué pasa con las potencias del primer mundo que prometieron todo lo que se les ocurría? Pasa lo habitual en estos casos: lo que importa es la tajada que se puede sacar del asunto, aunque suene un poco burro decirlo tal cual. Siguen obsesionadas por lograr el máximo beneficio de sus inversiones (y si no hay rentabilidad rápida, material y políticamente hablando, no moverán ficha) y siguen empeñadas en controlarlo todo, incluidas las elecciones.

El pasado 28 de noviembre tuvo lugar la primera vuelta de unas elecciones que desde la comunidad internacional se quisieron vender como “un paso más hacia la democracia en Haití”. Lo afirmaban personalidades tan relevantes como Edmond Mulet, responsable guatemalteco de la Misión de las Naciones Unidas para la estabilización de Haití (Minustah), Bill Clinton, ex-presidente de los EEUU y enviado especial de la ONU, Kenneth Merten, embajador estadounidense en Haití…

La realidad es que la inmensa mayoría de los fondos necesarios para organizar el proceso electoral, como cuenta Alexander Main (“Voter dans un pays qui ne s’appartient plus”, también en  la edición de enero de Le Monde diplomatique), ha procedido de los EEUU (14 millones de dólares), de la Unión Europea (7 millones) y de Canadá (5,7 millones), y que la agencia americana para el desarrollo internacional (Usaid) ofreció su asistencia técnica y material, al igual que la Minustah.

Pero ninguno de estos agentes se preocupó demasiado por la parcialidad o imparcialidad de los miembros del Consejo electoral provisional nombrados por el propio presidente haitiano en funciones, René Préval, violando la Constitución. No se preocuparon de las consecuencias: exclusiones de partidos como el Fanmi Lavalas (FL), considerado como el más popular del país, exclusiones de millares de ciudadanos y ciudadanas que perdieron su documentación en el terremoto o que viven en la actualidad en campamentos ubicados en una circunscripción diferente a la que tenían antes del seísmo… Y así todo.

Nadie sabe qué sucederá, pero la segunda vuelta está prevista para el 16 de enero. Y si lo que se pretendía con estas elecciones era avanzar hacia la democracia, las cosas siguen muy verdes, porque según los datos, en noviembre sólo habría participado un 25% de la población.

En este contexto, el gobierno español dio un paso atrás en verano al decidir recortar las ayudas a la cooperación para el desarrollo dentro del paquete de medidas para hacer frente al déficit. Y que tanto el gobierno de Zapatero como el gobierno aragonés de Marcelino Iglesias (PSOE) y José Ángel Biel (PAR) aprovechen la crisis para recortar casi un 30% las partidas para cooperación (partidas que deberían ser gestionadas directamente por las organizaciones de países como Haití para su estabilidad y desarrollo) me parece sencillamente bochornoso y profundamente insolidario.

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3 comentarios leave one →
  1. Javier permalink
    12/01/2011 12:36 pm

    La situación de Haití es tan desesperada que, incluso vista con la mirada de los ciudadanos de un país “emergente” como es México, reusulta insultante.
    El país ya era difícil de calificar como “estado moderno” antes del cataclismo, pero ahora ese proto-estado ya no existe.
    Sin seguridad ni salud, con la ayuda internacional “atascada” y disminuyendo, la situación de millones de personas es “indignante”.
    Claro que hay que hacer algo, ayudarles, por supuesto.
    Pero hagamos una reflexión, ¿es que acaso las situaciones que vivían muchos de nuestros inmigrantes eran diferentes?. Vivimos en un mundo en el que la injusticia, la violencia y la muerte campan a sus anchas… y… ¿qué vamos a hacer?

    • 12/01/2011 6:21 pm

      El sistema en el que vivimos es un “poco” miserable, en mi opinión, cuando se hace tan evidente como en este caso. Todo el mundo rasgándonos las vestiduras de vez en cuando, emocionados ante el peque que acaba de ser rescatado varias horas (o días) después del terremoto, sintiendo de verdad la mala suerte que debe de ser tener que vivir eso, pero sin acabar de exigir con contundencia a nuestros responsables políticos (los que sean) que no olviden que somos personas y que nos puede pasar el mes que viene a nosotros. Pero lo peor en este tema es el aprovechamiento de las desgracias por parte de los Estados más poderosos. A eso me refería concretamente en mi post: lo hemos visto con Afganistán, con Irak, lo vemos con Palestina, con el Sahara… Y hay poco que hacer en ese sentido, desde luego, pero espero que no perdamos la perspectiva de que la denominada “solidaridad internacional” de los Estados es mucho menos real y profunda que la de los grupos humanos, sobre la que hay mucho que aprender. Hasta en la peor de las desgracias hay gente que da su vida por otras personas, muy por delante de las estructuras institucionales internacionales de las que nos hemos dotado. Y bueno, en el caso de Haití está claro que el terremoto es un agravante de una situación de descolonización sin resolver, en la que la población está considerada como incapaz de regir su propio destino, y no es gratuito que suceda con una población mayoritariamente negra. Y termino: qué floja es en ocasiones la palabra “democracia” después de tan larga trayectoria… Un saludo, Javier

  2. 14/01/2011 7:47 am

    Es terrible lo de Haití, pero hay países que Sí están apoyando al pueblo haitiano. Lo que pasa que se silencia su intervención descaradamente.

    Como dice el periodista francés en su libro Hervé Kempf en su libro

    L´oligarchie ça suffit, vive la democratie

    se está instaurando un régimen oligárquico… una de sus fases es el control de los medios.
    saludos
    Ponzán

    Los médicos cubanos han salvado 250.000 vidas en doce años de trabajo en Haití y son la principal fuerza de asistencia al pueblo haitiano víctima de la mortífera epidemia de cólera.

    La colaboración médica cubana en doce años de trabajo en Haití ha salvado la vida a 250.000 personas de esta nación, golpeada en 2010 por un potente terremoto y después por una epidemia de cólera.

    Marcia Cobas, viceministra de Sanidad de Cuba, ha recordado que el trabajo internacionalista en el país vecino comenzó en 1998, que se ha mantenido incluso en los periodos del golpe de Estado, y que se ha intensificado con el seísmo del 12 de enero de 2010 y más recientemente con el desencadenamiento y desarrollo de la epidemia.

    Según los datos presentados hoy en el programa de televisión Mesa redonda informativa, la funcionaria ha hecho público el hecho de que durante este periodo más de 3.500 colaboradores médicos han estado en Haití, y han realizado 16 millones de consultas.

    Ha expresado el hecho de que a consecuencia del terremoto, se decidió un mayor esfuerzo llevado por Cuba de reconstrucción del sistema de salud en el país caribeño vecino con la contribución de las naciones de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), en especial Venezuela.

    Estábamos implicados en este trabajo cuando estalló la epidemia de cólera, trabajando sobre el terreno 1.334 trabajadores sanitarios internacionalistas cubanos.

    Ha subrayado que se han creado 24 hospitales de campaña, con la posibilidad de llegar pronto a 30, y 30 centros de reposo.

    Este año ha estado marcado por un mayor número de acciones para reforzar el programa de salud, y la epidemia no ha impedido proseguir el trabajo, ha declarado la viceministra.

    El cólera se detectó el 20 de octubre pasado en un hospital donde trabajaba personal cubano, y rápidamente comenzó a propagarse por todo el país hasta costar la vida de 2.707 personas, además se conocen 115 casos en la Republica Dominicana, que comparte la isla La Española con Haití, y 3 en los Estados Unidos.

    Luis Struch, también viceministro de Sanidad, ha indicado que, desde el pasado terremoto, Cuba ha iniciado en esta nación actividades de vigilancia epidemiológica, y ello ha permitido conocer inmediatamente la existencia de la gravedad de la enfermedad bacteriana, de elevada toxicidad.

    La viceministra ha precisado que la mayor acción de las islas de las Antillas contra la epidemia se dirige actualmente al salvamento de las personas en sus domicilios, por ello el personal sanitario visita lugares de difícil acceso, incluidos lugares montañosos y alejados de los centros urbanos.

    En la sala, se encontraban tres médicos cubanos y un haitiano, que han recordado sus experiencias en la gestión de las consecuencias del terremoto y del cólera.

    Juan Carrizo, rector de la Escuela Latino-americana de Medicina (ELAM), cuya sede principal se encuentra en La Habana, ha subrayado la presencia en este Haití empobrecido y damnificado de decenas de jóvenes médicos diplomados de este centro universitario.

    Ramón Ripoll, viceministro de Comercio exterior y de ayuda al extranjero, igualmente presente, ha señalado que la ayuda solidaria con el pueblo haitiano de diferentes gobiernos, organizaciones no-gubernamentales, empresas y personas es canalizada mediante el contingente médico cubano.

    Se trata de un reconocimiento hacia los médicos cubanos, y es un honor para nuestro país que las donaciones realizadas lleguen a aquellos para quienes son destinadas, a la nación caribeña, ha dicho.

    Por ejemplo, ha recordado a Noruega, España, Australia y Namibia, entre las naciones de donde proceden las donaciones.

    Por otra parte, ha declarado que todas las acciones de distribución y de utilización de estos dispositivos son establecidas de acuerdo con las autoridades haitianas.

    Eso ha sido siempre así, realizando las coordinaciones necesarias, basándonos en la soberanía del país al que beneficia la ayuda, ha precisado.

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