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Lecturas recomendadas sobre el Espacio Goya

03/04/2007

Aún estoy conmocionada por la lectura de los artículos publicados en el Periódico de Aragón y en el Heraldo sobre la comparecencia del 2 de abril de Jacques Herzog en Zaragoza, para hablar de su proyecto sobre el Espacio Goya con el que el Departamento de Cultura del Gobierno de Aragón pretende cargarse la Escuela de Artes.

A pesar de que resulta difícil soportar tanta “modernidad” junta en tan poco espacio de papel, me atrevo a recomendar encarecidamente su lectura en los siguientes casos:

– Si usted quiere conocer un ejemplo de cómo se nos quiere vender que “lo moderno” consiste básicamente en formular las ideas de la manera menos directa posible para que suene a “culto”
– Si considera que las leyes están hechas para los demás… porque usted tiene derecho a desarrollar su genialidad por encima de esas “decisiones terrenales”
– Si piensa que Cultura es usted… y, al resto, que le den pamplinas (aunque al final lo tengamos que financiar el vulgo)

Aunque también lo recomiendo a quienes deseen echarse una buena carcajada al comprobar la “pobreza de espíritu” que nos envuelve a los mortales más alejados de las tesis del equipo de la consejera Eva Almunia y de su viceconsejero Juan José Vázquez. Hay pocas cosas que sienten tan bien como reírse de un@ mism@… o de lo que sea, para qué vamos a engañarnos.

De paso, aprenderemos a reflexionar sobre aspectos muy profundos del metalenguaje cultural (espero que nadie se ofenda si escribo “cultural” en vez de “cultureta”), porque no hay desperdicio. Vale que las escaleras que comunican un edificio con otro en el proyecto impliquen unos agujeros considerables en el edificio de la Escuela de Artes y en el del Museo de Zaragoza… pero, ¿no sería más correcto definirlos, en vez de “gran elemento perforador”, como auténtica “tuneladora”?

O, ¿por qué decir “experimentar físicamente la obra ausente”, cuando lo que se quiere decir es simple y llanamente “evocar la obra ausente”? Con cuestiones como éstas acabas viendo el mundo de otro modo, y te surgen las dudas, porque, claro, ¿acaso no deberíamos hablar así todos los mortales? De ese modo, ya no volveríamos a ver las fotos de las últimas vacaciones en aquél lugar idílico, sino que “experimentaríamos físicamente el paraíso ausente”, ¿se dan cuenta?

Todo se convierte en metafórico con estas gentes. Metáfora resultó ser la “Isla de los Museos” que nos anunciaron para el entorno de la Plaza de los Sitios de Zaragoza… aunque en su momento la presentaran ante la opinión pública como un proyecto singular. No me extraña que el propio PSOE tachara la idea de “una broma del Director General de Patrimonio Cultural”, porque no daba para más. Pero, ¿y qué me dicen ahora de las salas “ancla”? Resulta que son “ancla” porque, en palabras de Herzog, “enraizan un edificio”… Siendo así, a lo mejor debería hablarse de salas “raíz”. ¿O no será que lo del “ancla” se refiere al líquido elemento (metafórico, ¡por favor!) que rodearía a la citada “Isla”? Es que no acabaríamos, de verdad.

Si no fuera porque estamos hablando de patrimonio cultural, la cosa tendría su gracia, pero lo que sucede es que, en el colmo de los colmos, quienes tienen la obligación de proteger nuestra riqueza cultura e histórica son los que están empeñados en machacarla para dejar su impronta: algo así como “por aquí pasó el equipo Almunia y retocó un poco al arquitecto Navarro, porque le gusta más Herzog & De Meuron y para eso deciden ellos”. La verdad es que como argumento es infumable, pero algunos de los argumentos que los defensores del proyecto del Gobierno PSOE-PAR dejaron caer ayer en el Colegio de Arquitectos de Aragón van en esta línea, y además pretenden que callemos, paguemos y punto. Es un poco exagerado, ¿no?

En conclusión. No por envolver de palabras, conceptos y metáforas el proyecto del Espacio Goya, o porque lo firme un equipo de prestigio como Herzog & De Meuron, puede ocultarse la realidad: lo que  plantea el Gobierno de Aragón significa acabar con un edificio protegido de gran valor histórico y patrimonial. Herzog & De Meuron no tendrían límites a su creatividad en un edificio de nueva planta, pero en el de la Escuela de Artes sí: los que marca la ley.

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